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Nace en San José del Rincón (Santa Fe), en 1986.
A los siete años de edad participa del “Taller de Estética Infantil” de la Comuna de San José del Rincón, a cargo del artista plástico Hermenegildo “Pipi” Lucero. Esta experiencia, sumada a las actividades del Club de Niños Pintores de la Escuela Nº 16 de Rincón, fue de enorme significación para su posterior desarrollo expresivo.
En el año 1998 concurre al “Taller de cerámica” de Rincón, coordinado por Pipi Lucero y Juliana Frias.
En 2007 ingresa a la EPAV “Profesor Juan Mantovani” de la ciudad de Santa Fe y paralelamente comienza a colaborar en el “Taller de Cerámica” de Rincón.
En la escuela de arte forma parte del staff del Fanzine “Big Bang”, creado por el dibujante y humorista gráfico Gastón Zuñiga. En 2012 colabora con ilustraciones para publicaciones independientes de la ciudad de Santa Fe (Revista Bairoletto, Fanzine Big Bang).
Coordina talleres de pintura y dibujo en el Centro Cultural “La Teja” de Rincón y de cerámica en la Vecinal de Colastiné Norte. Desde el año 2014 tiene a su cargo el “Taller de Cerámica” de la Municipalidad de San José del Rincón.
En 2015 inicia un período de reformulación en las pautas de trabajo llevadas a cabo en el taller de cerámica, que comprende la participación en las ferias organizadas en la Plaza Central de Rincón y la realización de macetas de cerámica junto a los trabajadores municipales del Vivero Inclusivo de Rincón que luego son comercializadas.
Integra uno de los grupos coordinados por la artista plástica y docente Raquel Minetti para el proyecto “Dea3 Circula” apoyado por el Fondo Nacional de las Artes.
En 2015 participa de las muestras “Texturas Urbanas”, CEC- Centro Experimental del Color (Santa Fe) y en “La Confederación”, El Nuevo Emergente (Buenos Aires).
Vive y trabaja en San José del Rincón (Santa Fe, Argentina).


Palabras del artista. Su obra, su vida en Rincón.
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Mi trabajo aborda el campo de la ilustración. Entiendo por ilustración no sólo el arte visual narrativo (particularmente figurativo), sino también la producción de imágenes que incorporan en su concepción un abanico de recursos y herramientas que van desde el collage, a la pintura y el fotomontaje, entre otras. En gran parte del corpus de mi producción recurro a las nuevas tecnologías para integrar las imágenes. En pocas palabras, mi producción está asentada principalmente en el arte digital; y comprende también la materialidad que evocan muchas de las imágenes que produzco: puede leerse cierta carga textural que en muchos casos suelen ser fragmentos de fotos de paredes descascaradas o manchas de pintura sobre papel que luego escaneo. Es decir, si bien lo digital tiene su cuota etérea, intangible, toda esa inmaterialidad es mitigada por el fuerte contraste de texturas que remiten a cualidades pictóricas, propias del expresionismo. Esto no es necesariamente un óbice para hablar del contexto, más bien refuerza el enfoque con el que deseo trabajar. La temática, en líneas generales, puede definirse como un abigarrado compendio de imágenes tomadas del natural (imágenes fotográficas), de la cultura popular y del género fantástico, matizado por la influencia del comic. De acuerdo a las series, hay mayor o menor  vínculo con el medio, como es el caso de la serie de “Vegetaciones Fantasmas”, que parten de cierto método asociación libre entre un elemento y otro –y sobre todo- en superposiciones. Es por medio de la superposición de texturas que las imágenes toman cierto aspecto descarnado, donde se juega con el contrapunto (frutos en descomposición sobre superficies delicadas, pulidas) y el trampantojo –revistiendo de profundidad determinados planos.
En lo referido a mi  producción gráfica (dibujos en tinta y acuarela)  se revela un registro próximo a la pintura. En ese sentido, la gestualidad caligráfica de la línea se expande por medio de la superposición de capas de aguadas, sobre soportes elaborados a partir de collage. La mayor parte de los dibujos se asemejan a bocetos, estudios de rostros o figuras, y son trabajados desde lo azaroso y espontaneo que surge a partir de las manchas y líneas. Es importante señalar que si bien los dibujos parten de una base figurativa, esa base no es más que el disparador desde el cual surge todo un “pensamiento plástico”. En una muy interesante entrevista Luis Felipe Noé señala que:
“El hombre toma conciencia de lo que va diciendo en la medida en que lo va diciendo, no antes. Va tomando conciencia de lo que va pensando en la medida en que lo pensando, no antes. Para mí aprender a pintar ante todo es aprender a ejercer ese pensamiento plástico en la misma medida en que lo va enunciando.” [1] De acuerdo a esta afirmación, puedo ubicar a los dibujos o pinturas dentro de un proceso de pensamiento plástico; precisamente es el proceso la fase determinante de las mis piezas gráficas. Porque además este proceso de gestación va de la mano con el perfil docente, cuya tarea, entre otras, es acompañar y guiar el desarrollo de las producciones de los alumnos. En este punto vuelvo a coincidir con Noé cuando, párrafos arriba, dice:
“(…) creo que la gráfica del hacer plástico es lo fundamental. Yo parto de la necesidad de cada alumno, porque supongo que cada alumno en realidad es un pintor en ciernes, porque si intenta aprender este lenguaje es porque de alguna manera lo necesita en tanto lenguaje (…) Creo que lo fundamental en la enseñanza es enseñar a ver lo que se está haciendo. La lógica del lenguaje plástico no es la lógica de las palabras.” (op,cit)
En las actividades llevadas a cabo en el taller de cerámica pude percibir ese despliegue del pensamiento, “hablado” en lenguaje plástico. Por este espacio pasan muchos niños y adolescentes que sienten la necesidad de comunicarse por medio de la expresión plástica. Y cierto es que en la práctica de la enseñanza es posible notar que el alumno es un artista en ciernes.
Otra de las series que reflejan las cavilaciones del pensamiento es la serie de fotografías (cuyo título aun no tengo definido). Y esta idea del pensamiento plástico encuentra asidero en el hecho de que la mirada está ligada a este. Esta serie de fotografías es un monitoreo de la geografía rinconera y la zona de la Costa. En ella busco registrar los gestos mínimos y comunes que se atribuyen a la zona: los terrenos baldíos, las huellas en las calles de tierra, la vegetación que cubre a los autos, la cartelería cargada de una impronta doméstica. Los pequeños escenarios cargados de una atmósfera lúgubre, abandonados al avance de la naturaleza son aquellas situaciones que resultan de gran atractivo para mí. Son los paseos en los que salgo a husmear en lo anecdótico, pero cargado del misterio y la soledad que encierran las cosas.
Es la serie con la que más me identifico –pese a no ser fotógrafo-, y quizá esa afinidad tenga relación con los lugares y situaciones de las que voy tomando apunte. Y es que considero a la fotografía como un medio modelado por el tiempo pero con la destellante inmediatez del parpadeo. Digo que son apuntes por el hecho de que, desde el momento en que se decide el objeto, el ángulo o la luz, se asiste a una puesta en escena de la realidad: las cosas se resignifican. En su ya clásica “Breve Historia de la Fotografía”, Walter Benjamin pone en entredicho la veracidad de la fotografía en tanto lenguaje, ubicando el mismo cuestionamiento en la literatura:
“El grado de precisión que puede pretender el lenguaje, cuando se desea emplearlo para dar idea de cualquier objeto de la visión, es casi ilusorio. Por más hábiles que seamos en nuestro oficio de escritores ¿cómo describir un lugar o un rostro de manera que lo que hayamos escrito no sugiera tantas visiones diferentes como lectores tengamos? (…) Así, la existencia de la fotografía nos invitaría, más bien, a dejar de querer describir aquello que puede, en sí mismo, quedar registrado (…) Me atrevería a  agregar que la fotografía se atreve incluso a practicar la mentira, gran y siempre floreciente especialidad de la palabra.” [2] De este modo, el lenguaje fotográfico parece ser un medio de escapismo y, al mismo tiempo –o en consecuencia-, una modalidad vicariante del objeto fotografiado: De un orden de cosas incómodo o poco favorable como suele presentarse la vida en Rincón, donde se yuxtaponen postales bucólicas y un horizonte fatídico, la elaboración de este ensayo fotográfico conlleva un ejercicio de sublimación: la realidad es estetizada, cobra otro sentido, la quietud se magnifica y en cada signo de precariedad se acentúa su enrarecimiento.

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[1] Noé, Luis Felipe: Noescritos: sobre eso que se llama arte: 1996-2006. Buenos Aires. Adriana Hidalgo Editora. 2009. p. 103.
[2] Benjamin, Walter: Breve historia de la fotografía. Madrid. Ed. Casimiro Libros (cuarta edición). 2014. p. 48-49.


Obra
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