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Nació en Malabrigo (Santa Fe), en 1942.
Reside en San José del Rincón desde el año 1999.
Trabajó como maestra de Enseñanza Primaria en la Escuela Nº 16 de la misma localidad desde el año 1965 hasta 1972.
Profesora Nacional de Dibujo, egresada de la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Rosario (Santa Fe).
Realizó exposiciones individuales y colectivas en galerías de Santa Fe, Rosario, Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Santiago del Estero, como así también en Francia y España. Obtuvo numerosos premios entre los que se destacan los del “Salón Nacional de Santa Fe” y el “Salón Anual de Artistas Plásticos Santafesinos”. Invitada al premio “Alberto J. Trabucco” de Dibujo en el Centro Cultural Borges (Buenos Aires). Obtuvo numerosas becas, entre las que se destacan: Beca del Gobierno de la Provincia de Santa Fe- Perfeccionamiento (1981), Beca del Fondo Nacional de las Artes- Investigación (1994) y Beca de la Federación Nacional de Amigos de Museos para asistir al XIV Congreso Mundial de Amigos de Museos (Génova- Italia, 2011).
Fue Directora de la Escuela Provincial de Artes Visuales “Prof. Juan Mantovani” en el período 1983-1993. Fue Directora provincial de Educación Artística entre los años 1998 a 2003.
Miembro Fundadora del Centro Transdisciplinario de Investigaciones de Estética de Santa Fe y Miembro de Número del Centro de Estudios Hispanoamericanos, en los cuales publicó trabajos de investigación
Actualmente es Presidente de la Asociación de Amigos del Museo Municipal de Santa Fe.
Vive y trabaja en San José del Rincón (Santa Fe, Argentina).


Palabras de la artista. Su obra, su vida en Rincón.

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La condición de “villa veraniega” atribuida a San José del Rincón y la impronta dejada por los pintores que vivieron y produjeron en el lugar convirtieron al sitio en un espacio codiciado por creadores de diversas disciplinas. Por algo Gola dejó su “Oda al eucaliptus”, Guastavino el homenaje en “Pueblito, mi pueblo”, Saer lo dio a conocer al mundo situando sus personajes en estas calles y Beatriz Vallejo nos hizo sentir con su prosa, el aroma al pan caliente, de la panadería “El Carmen”.
Pero fueron los pintores, en épocas de la representación fiel del paisaje, y de la importancia dada al color, a la línea, al plano, para reflejar en el soporte el lugar de pertenencia, el modo de vida, la geografía  y el espíritu de los hombres, quienes se “apoderaron” de ese universo familiar.
Y fueron ellos quienes nos dejaron las formas de ese paisaje geográfico y humano, hoy ya casi perdido, transformado por el avance de la tecnología y el “progreso” en todas sus formas.
Conocí este lugar por mi trabajo como docente, hace cincuenta años. Ya incursionaba en los terrenos del arte. Vivía en Santa Fe. Hace dieciséis años vivo en la localidad.
Ya eran “tema” de mi obra las telas, los géneros, las transparencias  que generosamente se desplegaban fingiendo montañas, llanuras y formas imperfectas. “fantasmagórica presencia de una ausencia, telas que envuelven la estructura de los sueños. Pliegues y repliegues que se continúan en una forma que se desprende del fondo deliscuescente”
Mi imagen fue cambiando. No es una “fotografía” del entorno lo que represento en mi obra. Lo que se apoderó de mi persona es la “esencia”, el “espíritu” que sobrevuela en el sitio. Es la llanura, la horizontalidad, los ruidos extraños que llegan de las islas, el arroyo con nombre indígena, el arenal presente en las calles y en los patios. Toda esa “magia” me trajo a esta esquina privilegiada, desde donde atisbo los cuatro puntos cardinales.
Unos lápices y una escala de grises me son suficientes. Ya lo expresó el crítico, “…Vallejo redimensiona el propio sentido de lo evanescente, de lo incorpóreo, de lo inasible. Una etereidad que-sobre aparentes conceptos de silencio o soledad- impregna sus planos de impecable técnica”.
“…su mirada proyecta virtuales estados de la materia. Materia que de pronto es naturaleza viva, como esos juegos que arma o estructura con las semillas del jacarandá. O los aires que descubre y hace volar con las flores del ceibo. ¿Rituales de alegoría? ¿Celebraciones del espacio? Lo uno en lo otro, quizá.” [1] “…El dibujo de Nanzi Vallejo es la sujetada imagen de quien al relevar y revelar los secretos de su mundo inmediato, construye un discurso visual de evanescentes realidades que precipitan otras, pliegues y bordes que muerden la niebla, materia que se difumina delicadamente”, según afirma el crítico Domingo Sahda.
Algunos intentos de buscar otros recursos para “pintar la aldea”, me han llevado a utilizar las telas como soporte y reemplazar el grafito por reales y precisas puntadas con hilos y aguja. Como las “manualidades” de las abuelas, recursos desvalorizados y recluidos otrora a los ámbitos estrictamente femeninos. Aunque la historia nos revela el uso y la importancia que culturas de diferentes países le otorgaron a esta práctica, aún antes que los pintores ocuparan lugares de privilegio.
Así el legendario arroyo Ubajay, “mi vecino de enfrente”, el de las crecidas, el generoso dador de alimento, el del  solaz veraniego, quedará “pintado” entre la  urdimbre de la tela hendida de innumerables puntadas.

 

[1] Jorge Taverna Irigoyen. Catálogo Exp. “Poéticas/Serialidades/Confluencias”. Museo Municipal de Artes Visuales. Santa Fe. Jun/Jul 2010.


Obras

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