Nació en Santa Fe (Argentina), en 1979.
Estudió Profesorado en Artes Visuales para Educación Primaria y Secundaria en la “Escuela Provincial de Artes Visuales Juan Mantovani” de Santa Fe, egresó en 2008. Cursó y aprobó seminarios de posgrado acreditables a la Maestría en Educación Artística en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, durante los años 2009 y 2010. Cursó y aprobó el Pos título de Actualización Académica en Arte Americano y Argentino en la EPAV Mantovani, Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe, promoción 2012. Trabajó en diversos espacios vinculados con las artes visuales en escuelas públicas primarias y secundarias y en institutos de formación docente. Actualmente trabaja en la escuela secundaria de la EPAV Mantovani, especializada en artes visuales y audiovisuales.
Desde el año 2014 asiste al “Taller de análisis, producción y acompañamiento de proyectos artísticos” coordinado por Cintia Clara Romero y Maximiliano Peralta Rodríguez en Curadora-Residencia.
Vive y trabaja en Colastiné (Santa Fe, Argentina).


Palabras de la artista. Su obra, su vida en Colastiné.

.

Mirar como crecieron los árboles y comer los frutos de nuestros jardines[1]

“Una brizna de hierba cae en uno de los dibujos.
Diminutas moscas de la fruta se posan en otro.
Desde un maizal cercano el aire arrastra un trozo de hoja,
transparente como un pergamino, hasta otro de los dibujos.
Si no las hubiera visto caer sobre los dibujos,
tomaría todas estas cosas por signos pintados.
Ya no estoy seguro de dónde trazar la línea de separación
entre arte y naturaleza, entre devenir y origen.
Este es el misterio que me hace mirarlos una y otra vez,
incluso cuando apenas queda ya luz y las gallinas se han callado.” [2] John Berger

“…
la naturaleza
aparentemente quieta
y sin embargo
una fábrica que no para
ni cierra, asombrosa
como nosotros mismos
Qué espectáculo
para el divino  ojo
que probablemente no mira
porque sueña” [3] Diana Bellessi

 

Vivo en Colastiné desde hace cuatro años. Me fui mudando de a poco, fueron varios meses de ir llegando a casa. En ese momento comencé, junto con la vida nueva, un proyecto artístico que me sigue ocupando hasta hoy y que, tomando diferentes formas, me seguirá ocupando en los años venideros. Una expresión mínima de la vida o del vivir es concebirlos como memoria y proyecto. Lo que nos heredaron y lo que lanzamos con entusiasmo hacia el porvenir. En los dos movimientos tiene que estar presente la fe. Para pensarnos como sujetos que pueden transformar los lugares-ambientes donde nos toque accionar. En mi caso el arte y la naturaleza me acompañan, me orientan, me cobijan, me permiten hacer preguntas y no permanecer indiferente. De este modo, la producción artística y el vivir en este lugar son para mí indisociables.
Un conjunto de fotografías que tomo desde que vine a vivir a Colastiné, son una “obra en construcción” -como la casa que habito- que agrupé bajo el lema “Las fuerzas productivas de la vida doméstica”. Mi casa se ha ido transformando de muchas maneras en estos años, una casa pequeña a medio construir que estamos transformando con la fuerza de nuestra propia mano de obra, sensibilidad y pensamiento. No solamente en cuanto a la dimensión proyectual y constructiva que constituyen el objetivo último, sino también sobrellevando las circunstancias de la vida diaria en este contexto en particular. Hay mucho para hacer cuando estás rodeado de árboles y jardín, si además decidiste comenzar una huerta, compostar a diario, vivir con perro y gatos, entre otras cosas que te vinculan con la naturaleza. No somos arquitectos, ni constructores, ni jardineros, ni horticultores. A contramano de nuestros deseos, el barrio se ha ido transformando al ritmo del crecimiento inmobiliario, las modas arquitectónicas y cierto desdén por el entorno. Nuestra opción es preservar y atender, en la medida de lo posible, las particularidades naturales del ambiente. Para ello intentamos un modo de vida mixto entre la paulatina y gradual autosuficiencia, el consumo  consciente, más algunos beneficios de la vida urbana.
Esos registros que en principio hacía con afán documentalista, con la idea de ir armando un álbum fotográfico familiar para nosotros mismos pero también pensando en hipotéticos hijos, sobrinos, nietos, representan un sentido fundamental de mi vida en este lugar. El paisaje doméstico significó la apertura a la producción en artes visuales desde miradas que desbordan lo disciplinar. Lo que me alucina es que yo no sabía eso cuando comencé a hacer las fotos, fue una revelación que sobrevino después: la posibilidad de mirar lo cercano y descubrir que la vida, lo íntimo, lo cotidiano pueden fecundar la producción artística. Si bien tenía ciertos indicios antes de mudarme acerca del potencial de construir un universo simbólico propio no fue sino hasta que estuve acá que pude pensarme como artista visual.
Mis trabajos se gestan en la sospecha acerca de modos de vivir en la actualidad considerados buenos y productivos. Intuyo se encuentran sustentados en un sistema de creencias tan incuestionable como frágil. Partiendo desde ahí, identifico en mis búsquedas la necesidad de ir al encuentro de otras formas y sentidos. Apelo al concepto del “buen vivir”[4] para construir una poética intimista desde el microrrelato y la autorreferencialidad.
“Un gesto mínimo como promesa de futuro” es un trabajo que registra los aconteceres de mi casa y de mi jardín al ritmo inexorable de los cambios estacionales y afectivos. Está conformado por dibujos y un mini-invernadero. El desmantelamiento de la casa de mis abuelos, a su muerte, me confrontó con una gran cantidad de objetos, muebles y papeles acumulados durante casi un siglo por la familia. Fue preciso seleccionar y guardar solamente algunas cosas. Al mismo tiempo y en contra del sentimiento de caducidad de esos días, en el patio estaban las plantas, una parte importante de mi historia en esa casa. Decidí rescatar el jardín mudándolo a la mía. Como se aproximaba el invierno, improvisé refugios con algunos materiales que tenía a disposición. Sin proyecto alguno y desde mi ignorancia en materia de dibujo proyectual y construcción, seguí ensayando estructuras que hacían las veces de invernaderos provisionales de algunas especies. Investigué sobre invernaderos y otras cosas vinculadas directa e indirectamente con el cuidado de un jardín. Al mismo tiempo escribía textos breves, seguía haciendo fotografías sobre acontecimientos estacionales y domésticos, dibujaba a partir de los objetos heredados de mis abuelos y de algunas ideas acerca de invernaderos probables. En ese contexto  surge “Está tu olor entonces pienso que estarás”, como una búsqueda que me llevó luego a la materialización de “Un gesto mínimo…”. El mini-invernadero y la selección de dibujos que lo acompañan, es a la vez el resultado de esa búsqueda y un indicio de porvenir.
Actualmente las plantas de “Un gesto mínimo…” han crecido, están bien arraigadas y con nuevos brotes. La obra crece y se multiplica. Del mismo modo que con “Las fuerzas productivas de la vida doméstica” no había anticipado ni previsto su devenir. A partir de estas experiencias, sin embargo, puedo anticipar el deseo, la fe y el entusiasmo en seguir pensando y produciendo en el contexto del arte desde Colastiné, el lugar que elegí para vivir y trabajar.

 

[1] Lo dijo Eyadou Ag Leche, bajista de Tinariwen.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-38337-2016-03-22.html
[2] Berger, John: Hojas de papel sobre la hierba. En Fotocopias, Buenos Aires. Alfaguara. 2007. p. 81.
[3] Bellessi, Diana: Debe y Haber. En La rebelión del instante. Buenos Aires. Adriana Hidalgo. 2005. p.142.
[4] “Las nuevas cartas constitucionales de Bolivia (2009) y Ecuador (2008) parten de un paradigma diverso al del constitucionalismo liberal antropocentrista, que siempre privilegió al individuo como único sujeto de derechos y obligaciones. Dentro del reconocimiento de derechos colectivos se llega a la proclamación de los derechos de la naturaleza (Pacha Mama) como continente de los demás derechos. Se instaura una cosmovisión emergente que pretende reconstruir la armonía y el equilibrio de la vida, y que es la respuesta de las comunidades originarias de nuestra región: el paradigma del ‘Buen vivir’.” Bailone, Matías, El Bienvivir: una cosmovisión de los pueblos originarios andino-amazónicos. En Zaffaroni, Eugenio R., La Pachamama y el humano, Buenos Aires, Colihue y Ediciones Madres de Plaza de Mayo, 2012, pp.155-156// “En el preámbulo de la Constitución de la República del Ecuador de 2008 se dice: ‘Celebrando a la naturaleza, la Pacha Mama, de la que somos parte y que es vital para nuestra existencia’, y después se señala que se decide construir: ‘Una nueva forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza, para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay’.” Zaffaroni, Eugenio R., ídem, p.108.


Obras
.